Una segunda oportunidad de éxito a golpe de tijera
 
R. Marín
 
A veces, para cumplir un sueño, sólo es necesaria una segunda oportunidad. Alguien que, cuando todo parece perdido, tienda la mano e insufle la confianza necesaria para hacer creer de nuevo que todo es posible.
La fundación cornellanense El Llindar lleva seis años tendiendo su mano a esos adolescentes que, en el umbral de la madurez, se encuentran perdidos por circunstancias de la vida y necesitan una segunda oportunidad. Tras un encuentro casual con Patricia Cebado, responsable de la cadena de peluquerías Cebado, la directora de El Llindar, Begoña Gasch, obtuvo el compromiso de colaboración de la compañía de estética con los proyectos de formación de jóvenes de la fundación, impartiendo clases de peluquería a una joven.
Ésa fue la base de lo que hoy es una academia social de peluquería para jóvenes a los que el circuito educativo convencional no les ha funcionado. “Muchas veces, el fracaso en la educación tradicional no implica que un alumno no pueda tener éxito por otra vía”, explica Gasch. El local de Cebado, ubicado en la calle Victor Pradera de Cornellà, forma a una treintena de adolescentes y jóvenes a quienes la vida ha conducido por caminos difíciles. La mitad de ellos se está formando en peluquería como parte de un programa de formación que engloba diferentes materias profesionales (“una ESO adaptada”, explica Gasch) como la carpintería o la mecánica. La otra mitad la conforma un grupo de jóvenes mayores de 16 años que se formarán sólo en peluquería hasta junio con el objetivo de abrirles un nuevo camino en el mundo laboral.
Miriam y Selene, dos jóvenes de Cornellà de 16 y 18 años, integran este grupo con la esperanza de que les abra las puertas de un futuro mejor. “Me gustaría llegar a ser una gran estilista”, explica Miriam, que, a pesar de no tener acabada la ESO, sí ha encontrado una buena oportunidad de éxito en este proyecto. “Pertenecer a este grupo me ha ayudado a valorarme a mí misma y a tener confianza en que puedo llegar a ser algo”, explica Selene. Esa sensación de frustración y fracaso que provoca no avanzar en el sistema educativo convencional es, precisamente, lo que quiere eliminar de sus mentes el proyecto de El Llindar. Una sensación que sentía Marcel, que reconoce que “en el cole las cosas no iban bien”. Ahora, con sólo 14 años, este joven de Corbera se desenvuelve a la perfección entre planchas de pelo, peines y secadores.
En este salón de peluquería, los jóvenes aprenden todo lo relacionado con el oficio. “No sólo conocen la técnica, sino que también aprenden a ocuparse del centro, como la atención al público o la recepción de llamadas”, explica Luisa, profesora de esta particular academia. Una formación que, en un centro privado costaría mucho dinero al mes, y que aquí se imparte sin coste alguno para los jóvenes.
Su formación se complementa con prácticas reales en el propio centro. “Tenemos clientas que se ponen en sus manos y no sólo repiten, sino que las recomiendan a sus conocidas”, explica Luisa. Para promover su desarrollo formativo, el salón ha establecido precios populares (desde 6 euros el servicio básico) para quienes opten por estos jóvenes alumnos para cortar o teñir su pelo.
Una sencilla acción con una gran repercusión social, que alimentará el éxito de estos jóvenes alumnos que buscan un futuro mejor a golpe de tijera.
 
 
 
Cornellà
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